Category: Escritura


Cambios

¿Qué es lo que cambia?

Por la nostalgia contagiada de algunas personas que recordaron lo que era tener un blog vine a rescatar el mío. Se siente muy extraño decir “mi blog”. Nunca he sentido que sea alguien que puede llevar uno. Leyendo las cinco o seis entradas que hay aquí me doy cuenta de que los miedos no cambian radicalmente. Han pasado tres años y algunas ideas sobre la escritura siguen igual de inconexas en el aire que respiro. Siguen dibujando mis angustias y alimentando mis temores.  Y me pregunto ¿Qué es lo que cambia? ¿Qué ha sido de mí en estos dos o tres años?

A veces escribo en el tumblr. Quisiera dejar de escribir con las vísceras en los dedos, con la urgencia de decantar sentimientos circunstanciales. A veces le dedico tiempo a lo simple, a lo realmente inoperante o sutil.  No sé exactamente qué puedo llamar “cambio” pero si algo he notado últimamente es que no deja de asombrarme la manera en que lidiamos con las pequeñeces de los días.  Aprender a usar la cafetera del departamento es una pequeñez. Hablar horas sobre la sensación de hambre, reírse cantidades con la expresión “thank you for turning me on” del teléfono cartesiano de M, descubrir por qué prefiero el té de Stash al de Lipton (pensar que prefiero la funcionalidad de la caja, los colores y el diseño. Qué me encanta la variedad de fusiones…). Esas son pequeñeces.

Sigo siendo muy torpe para los detalles. Creo que se debe a la costumbre de estar encerrada en monólogos y pensamientos turbios sobre grandes cosas: “la vida”, “la filosofía”, “el ser”, “la tristeza”. Palabras que dejan de significar justamente porque lo que las define son las pequeñeces. Es absurdo dejar de vivir por pensar en la vida. Dejar el presente por pensar en todos los futuros posibles.

Dí el paso y sigo abrumada con tanta pequeñez. Entusiasmada con ella. Se ha desviado mi atención a miles de focos pero todavía no he encontrado nada suficientemente malo en eso.  Ponerle atención a los detalles no es simplemente “verlos ahí”. Tengo que agradecer con mi vida entera la existencia de amigos que me han enseñado a pensar que la vida mejora *justamente* gracias a manipular las minucias. Con el lenguaje o las manos. Que esas ideas que son tan definitivas son el final, y no el comienzo, de andar interviniendo y experimentando con el mundo.

Agradezco que el silencio haya cedido ante la necesidad de saborear tanta riqueza. O al menos en parte. No sé, otra vez, qué es exactamente un “cambio”, si son bruscos o graduales, si son definitivos o temporales. Si existen contornos o brumas entre eventos.  Lo que sé es que hay unos silencios que considero cobardes, los silencios que encubren los detalles. Y ya no quiero esos silencios.

¿Qué ha cambiado entonces? Los silencios.  Que dejé de fumar. Que tengo el pelo largo.  No he cambiado de vida. Sigo. Pero ahora pienso menos. Pienso mejor.

Sonidos: Objects of my affection. Peter, Bjorn and John.

Miedo

Es uno de esos días en los que no entiendo para qué se escribe. Escribir siempre implica exponerse, cualquier tipo de escritura saca de tí una parte que explota en letras como un cuerpo en medio de la guerra sin ninguna defensa, sin la menor oportunidad de sobrevivir.

Cualquier tipo de escritura te arranca un pedazo de alma que se convierte en un anzuelo para cazar incertidumbres y homicidas. Puede ser que hiperbolizar el miedo a la exposición es sólo un síntoma de que ciertas mentes no están hechas para escribir, que sería mejor dejar de adorar la idea, cual dios, y conseguir otros medios de expresión en caso de que quede algo ahí para ser expresado. Escribir es la empresa más temeraria que pueda pensar, es de valientes.

Hoy creo que la escritura te fija, te cuelga en un campo. Pero he vivido en tantos lugares, he caminado muchos kilómetros sin moverme cuando leo,  que me cuesta creer que ese otro lado de la historia sea tan inclemente, tan estacionario como para que un desconocido pueda situarte allí donde habitas y te juzge hasta la muerte desmembrando cada una de tus partes con rigurosa sevicia porque te sabe. Te sabe desde las palabras.

Antes de poder dar cualquier paso, parece prudente cercenar el miedo. El miedo al miedo. El miedo de más.

P.D

Hoy también es un día para pensar sobre quiénes estan ahí. Quiénes son sedimento del  rio y quiénes son los barcos que se van al ritmo de cualquier viento.

Sonidos: Nebulizer by Nils Petter Molvaer

Letra por letra

Me levanté pensando que las palabras se hacen letra por letra. (Claro, también me acordé de aquella frase “camino se hace al andar”). Me desperté con la inquietud de lo pendiente y las miles de calamidades que pueden surgirle al paso, hasta convertirlo en una pesadilla que te saca de la cama, con la respiración acelerada y los ojos preocupados.

Me desperté con ese horroso impulso de no dejar caer las cosas que determinan el futuro, las importantes. Me levanté, sí. Pero tarde. ¿Dejé caer esas cosas? Estoy deseando que no. El impulso me alcanzó para hacer ciertas gestiones pero no las necesarias y dudo mucho (aunque espero que no) las suficientes…

Entre tanto, hice un recorrido por algunas letras que me han dejado esto. Sí, este post, este nuevo blog, estas nuevas ganas. Esas letras, aunque no sublimes (el “neologismo” del artista culto) si adecuadas y alentadoras. Curiosamente son letras que describen situaciones que conozco perfectamente y por eso me puse a pensar ¿Es que todos pasamos por lo mismo y ahora que es tan fácil comunicarlo (facilidad en cuanto a los medios, la difusión, etc) nos identificamos, creemos, sentimos igual (gran tragedia) y nos dan ganas de replicar?

No importa. No importa cuál sea la sociología del asunto. Esto tenía que salir así. Porque el silencio no es una buena nevera que conserva vivas ciertas ideas y ciertos placeres. El silencio, la escritura y el lenguaje son algo móvil y hay que recorrerlo con perversión y descaro. Con la completa certeza de que es preciso aprender a convivir con dudas irresolubles, con ésta imposibilidad de decir y con aquellas perplejidades insatisfechas que se anidan en el corazón y movilizan hasta la angustia y la alegría.

No sé cuándo la escritura se convirtió en nuestra más preciada creatura, la que nos hace sentir como grandes dioses megalómanos y, en su ausencia,  pequeños miserables. Indómita a veces, fácil, transparente o llena de mentiras. Siempre está ahí para juzgar, para apremiar. En fin…no sé muchas otras cosas pero me levanté creyendo que las palabras se hacen letra por letra y que por alguna razón sigo deseándolas, a ellas o a todo lo que esconden.

 

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