Archive for December, 2009


Miedo

Es uno de esos días en los que no entiendo para qué se escribe. Escribir siempre implica exponerse, cualquier tipo de escritura saca de tí una parte que explota en letras como un cuerpo en medio de la guerra sin ninguna defensa, sin la menor oportunidad de sobrevivir.

Cualquier tipo de escritura te arranca un pedazo de alma que se convierte en un anzuelo para cazar incertidumbres y homicidas. Puede ser que hiperbolizar el miedo a la exposición es sólo un síntoma de que ciertas mentes no están hechas para escribir, que sería mejor dejar de adorar la idea, cual dios, y conseguir otros medios de expresión en caso de que quede algo ahí para ser expresado. Escribir es la empresa más temeraria que pueda pensar, es de valientes.

Hoy creo que la escritura te fija, te cuelga en un campo. Pero he vivido en tantos lugares, he caminado muchos kilómetros sin moverme cuando leo,  que me cuesta creer que ese otro lado de la historia sea tan inclemente, tan estacionario como para que un desconocido pueda situarte allí donde habitas y te juzge hasta la muerte desmembrando cada una de tus partes con rigurosa sevicia porque te sabe. Te sabe desde las palabras.

Antes de poder dar cualquier paso, parece prudente cercenar el miedo. El miedo al miedo. El miedo de más.

P.D

Hoy también es un día para pensar sobre quiénes estan ahí. Quiénes son sedimento del  rio y quiénes son los barcos que se van al ritmo de cualquier viento.

Sonidos: Nebulizer by Nils Petter Molvaer

Letra por letra

Me levanté pensando que las palabras se hacen letra por letra. (Claro, también me acordé de aquella frase “camino se hace al andar”). Me desperté con la inquietud de lo pendiente y las miles de calamidades que pueden surgirle al paso, hasta convertirlo en una pesadilla que te saca de la cama, con la respiración acelerada y los ojos preocupados.

Me desperté con ese horroso impulso de no dejar caer las cosas que determinan el futuro, las importantes. Me levanté, sí. Pero tarde. ¿Dejé caer esas cosas? Estoy deseando que no. El impulso me alcanzó para hacer ciertas gestiones pero no las necesarias y dudo mucho (aunque espero que no) las suficientes…

Entre tanto, hice un recorrido por algunas letras que me han dejado esto. Sí, este post, este nuevo blog, estas nuevas ganas. Esas letras, aunque no sublimes (el “neologismo” del artista culto) si adecuadas y alentadoras. Curiosamente son letras que describen situaciones que conozco perfectamente y por eso me puse a pensar ¿Es que todos pasamos por lo mismo y ahora que es tan fácil comunicarlo (facilidad en cuanto a los medios, la difusión, etc) nos identificamos, creemos, sentimos igual (gran tragedia) y nos dan ganas de replicar?

No importa. No importa cuál sea la sociología del asunto. Esto tenía que salir así. Porque el silencio no es una buena nevera que conserva vivas ciertas ideas y ciertos placeres. El silencio, la escritura y el lenguaje son algo móvil y hay que recorrerlo con perversión y descaro. Con la completa certeza de que es preciso aprender a convivir con dudas irresolubles, con ésta imposibilidad de decir y con aquellas perplejidades insatisfechas que se anidan en el corazón y movilizan hasta la angustia y la alegría.

No sé cuándo la escritura se convirtió en nuestra más preciada creatura, la que nos hace sentir como grandes dioses megalómanos y, en su ausencia,  pequeños miserables. Indómita a veces, fácil, transparente o llena de mentiras. Siempre está ahí para juzgar, para apremiar. En fin…no sé muchas otras cosas pero me levanté creyendo que las palabras se hacen letra por letra y que por alguna razón sigo deseándolas, a ellas o a todo lo que esconden.

 

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