Es uno de esos días en los que no entiendo para qué se escribe. Escribir siempre implica exponerse, cualquier tipo de escritura saca de tí una parte que explota en letras como un cuerpo en medio de la guerra sin ninguna defensa, sin la menor oportunidad de sobrevivir.
Cualquier tipo de escritura te arranca un pedazo de alma que se convierte en un anzuelo para cazar incertidumbres y homicidas. Puede ser que hiperbolizar el miedo a la exposición es sólo un síntoma de que ciertas mentes no están hechas para escribir, que sería mejor dejar de adorar la idea, cual dios, y conseguir otros medios de expresión en caso de que quede algo ahí para ser expresado. Escribir es la empresa más temeraria que pueda pensar, es de valientes.
Hoy creo que la escritura te fija, te cuelga en un campo. Pero he vivido en tantos lugares, he caminado muchos kilómetros sin moverme cuando leo, que me cuesta creer que ese otro lado de la historia sea tan inclemente, tan estacionario como para que un desconocido pueda situarte allí donde habitas y te juzge hasta la muerte desmembrando cada una de tus partes con rigurosa sevicia porque te sabe. Te sabe desde las palabras.
Antes de poder dar cualquier paso, parece prudente cercenar el miedo. El miedo al miedo. El miedo de más.
P.D
Hoy también es un día para pensar sobre quiénes estan ahí. Quiénes son sedimento del rio y quiénes son los barcos que se van al ritmo de cualquier viento.
Sonidos: Nebulizer by Nils Petter Molvaer
